Según se dice en el argumentario pepeista, la situación con la que se ha encontrado nuestro gobierno tras ganar las elecciones es semejante a la de una persona que, deslumbrado por el status del que disfrutaba un empresario, se empeñó en comprarle el negocio que tanto prestigio proporcionaba.
Pensaba que si aquel empresario, que era bobo e ignorante, obtenía aquellos beneficios sociales, él, que era listo e ilustrado según le habían dicho desde siempre, pondría aquella empresa, buena aunque mal gestionada a su parecer, en primera fila de la eficacia y su prestigio personal subiría hasta el cielo.
Para ello no escatimó ningún esfuerzo. Empeñó hasta su honor en el empeño y, finalmente, se vio dueño de todo aquello para disponer las cosas a su antojo, sin necesidad de darle cuentas a nadie.

