El paradigma de la ciencia económica actual se basa en un pecado capital, la avaricia. Bueno, se dice con otras palabras, se dice que se trata de hacer máximo el beneficio, lo cual parece más inocuo pero no menos inicuo que la misma avaricia.
No me cabe duda de que el ser humano tiende a ser avaricioso, soberbio, lujurioso, envidioso, perezoso, iracundo y dado a la gula, pero que tenga esas tendencias no implica que haya que darle carta de naturaleza a ninguna de ellas. Sería absurdo, por ejemplo, basar la ética en la soberbia o un buen régimen alimenticio en la gula. Sin embargo, nos parece lo más normal basar una tan importante actividad humana, la económica, en la avaricia.

